sábado, 20 de noviembre de 2010

Roth, punto y seguido

El año pasado tuvo sus momentos duros: nuevo sistema de entrenamiento al que adaptarse, nuevo entrenador, muchas cosas que aprender a base de paciencia... pero no pensé que lo que me iba a resultar más difícil de afrontar sería mantener el blog actualizado!

En fin, voy a tratar de reanimarlo y esta vez mantenerlo un poco más activo. Y lo hago con una entrada que tengo pendiente desde hace cuatro meses: Roth y mis conclusiones de un año estupendo.

Despues de unas últimas semanas bastante cañeras de entrenamientos ("El Infierno", como llama Jaime a ese periodo), llegamos a Roth el 14 de Julio con muchas ganas y muchos nervios. Los días anteriores a la carrera se resumen facilmente: 1.500 m de natación en el canal a las 7:00 am, desayuno, visita a la feria, reconocimiento de circuitos, comida, siesta, rodaje tranquilo con la bici, cena y a dormir. En la fería, aparte de arrasar con los tenderetes de material, se podía ver a muchos pros, como a Rebecca Keat, que tenía unos cuadriceps que no le entraban en los pantalones que llevaba (lastima que no se vea en la foto).

Despues de haber eliminado a Alemania y haber ganado el Mundial semanas antes, no perdimos ocasión de comerles la moral a los alemanes con las banderitas. Guerra psicológica.


Después de muchos momentos tensos, como antes de cualquier Ironman, llegó el día de la carrera. La natación me tenía particularmente preocupado porque llevaba meses sin encontrarme cómodo en el agua. Nunca me he sentido tan inseguro antes de empezar una carrera. A decir verdad, tenía hasta ganas de darme la vuelta y volverme al hotel. Laura no me acompañó esta vez porque estaba embarazada de casi ocho meses, pero en aquel momento es como si estuviese allí conmigo. Pensé en ella y en Hugo, el bebé que esperábamos... y en todas las horas que no estuve con ellos por estar entrenando. Echarme atrás hubiese hecho que todo ese tiempo robado careciese de sentido. Me metí en el agua con el único pensamiento de no defraudar a mi familia.

Al final, la natación mejor de lo que esperaba. Unicamente tuve un pequeño momento de crisis a 400 m del final en donde se me revolvió el estómago. Salí del agua en un tiempo mediocre, pero dentro de mis expectativas: 1:09:11. La T1 también dentro de lo planeado: 2:49


En la bici sólo tuve dos cosas en la cabeza desde el principio: watios y alimentación. El año anterior en Frankfurt había muerto en la maratón y sabía que había sido por no comer lo suficiente en la bici. Me pasé las dos vueltas controlando la potencia, comiendo y tratando de no vomitar. Los últimos 20 Km se me atragantaron un poco, pero cuando llegué a Roth me sentí contento porque había hecho exactamente la bici que quería, 5:23:33, y había comido todo lo que me había propuesto: 700 ml de Total Recovery, 16 geles PowerGel y tres barritas Mule Bar. Unas 3.000 KCal en total. En T2 me entretuve un poco porque la vejiga me iba a explotar, y como no soy pro, lo de hacermelo encima mientras corro de momento no me va: 3:36


Salí a correr con la incertidumbre de siempre y atento a las primeras sensaciones. Me encontraba sorprendentemente bien y los primeros kilómetros iban cayendo a 4:25. Al principio no me lo creía, pero a medida que iba pasando el tiempo me iba dando cuenta de lo que estaba pasando: había entrenado bien, había comido bien en la bici y ahora todo estaba saliendo como debía. Me relajé y disfruté corriendo hacia el primer punto de giro. Pasé la media maratón a la altura de donde estaba Jaime animándonos y le canté el tiempo: 1:40!. "No te digo nada!" me respondió. Ya sabía que hiciese lo que hiciese iba a superar la mejor de mis expectativas. Después de una maraton patética de 4:19 en Frankfurt el año anterior, me habia propuesto bajar de 3:50 en Roth. Corrí los ultimos 20 Km saboreando cada minuto, sabiendo que estaba haciendo la mejor carrera posible dentro de mis posibilidades. Sentía dolor en todas partes, pero me concentré en seguir haciéndolo bien. Tomé dos geles cada 10 Km y bebí en todos los avituallamientos. Cuando entré de nuevo en Roth, sabía que me había salido la carrera de mi vida. Una maratón de 3:31:43 para terminar mi segundo Ironman en 10:10:50.

En la meta la incredulidad dio inmediatamente paso a todo esos sentimientos que se atropeyan entre si por salir de los más profundo. Mi primer pensamiento fue para mi familia, Laura y Hugo, de felicidad absoluta por haber estado a la altura y no haberles defraudado. Hubiese dado lo que fuera porque estuviesen allí. Marta convirtió ese sueño casi en realidad cuando me pasó el teléfono mientras me derrumbaba en sus brazos a llorar. Al otro lado Laura también lloraba de felicidad.

A la euforia de la carrera siguieron unas semanas de aturdimiento y de no saber muy bien que pensar. Uno se queda vacio fisica y mentalmente después de algo como el Ironman. Jaime me dijo que escribiera mis conclusiones, pero la verdad es que ni yo mismo las tenía muy claras. Me había propuesto hacer una marca muy optimista de 10:30:00 y resulta que había sido 20 minutos más rápido, lo cual me estaba resultando difícil de digerir.

Evidentemente, lo primero en lo que pensé fue en que un sub-10 podía estar al alcance. En mi vida hubiese pensado que me iba a atrever siquiera a hablar de hacer sub-10. Pensé también en que si hubiese apretado en la segunda media maratón podría haber intentado alcanzar a Martin, gran amigo y primer A6 clasificado que terminó en 9:56. Pensé en que cosas podría mejorar la próxima vez. En fin, viví en una nube durante algún tiempo pero sin encontrar esa conclusión con mayúsculas.

Fue un mes después cuando de repente cai en la cuenta de que, ahora que mi vida iba a cambiar tan radicalmente por ser padre, estaba buscando mi inspiración en el lugar equivocado. No era en los que habían quedado por delante de mi en los que me tenía que fijar, sino en los que habían quedado por detrás. Compañeros de equipo como Jose Carlos, Fede o Iñaki. Padres de familia que han sacado tiempo de donde no lo hay para entrenar. Gente como Machi, que ha sobrevivido a un accidente de moto terrorífico en el que un borracho por poco le roba la vida y se han plantado en línea de meta rodeados por una familia que les quiere, les apoya y les admira. La imagen de Jose Carlos entrando con sus tres hijos, Hugo, Paula y Carlota, en meta es simplemente una de las cosas más grandes que he visto. Su abrazo en línea de meta mientras lloraba como un niño sobre mi hombro, un tiarrón de 42 años, todavía me pone los pelos de punta. Es un modelo para mi.


Los que han quedado delante... Si, efectivamente son buenos y me gustaría estar algún día entre ellos. Pero, los que han quedado por detrás de mí... Esos han sabido compaginar todo, no le han fallado a sus familias, han sido disciplinados y trabajadores, han aguantado una presión increible y han rendido al máximo de sus posibilidades, en 10:26, en 10:59 o en 11:14, me da igual. Lo han dado todo. Me quito el sombrero. Son mis idolos. Me propuse estar a su altura cuando llegase Hugo. Creo que la conclusión de Roth es esta: no sólo hay que mirar hacia adelante, sino también alrededor. Esta es mi gente, mis amigos, mis ídolos, mis puntos de referencia.

Un par de semanas después, casi sin darnos cuenta, ya teníamos al pequeño Hugo en nuestros brazos. Y con él, nuestra oportunidad de enfrentarnos juntos a un reto tan complejo y apasionante como el de ser padre.


Con él en nuestras vidas todo ha cobrado una nueva perspectiva, la escala de valores se recoloca y muchas piezas de repente encajan en su sitio. En estos dos primeros meses como padre, si tuviese que definir con una palabra que es lo que ha traido Hugo a nuestras vidas, aparte de una felicidad infinita, sería 'equilibrio'. Espero poder seguir disfrutando del triatlon y del Ironman, compartirlo con mi familia y saber transmitirle a Hugo los valores de esfuerzo y superación que me ha enseñado. Pero ya no veré el Ironman como un fin, sino como un estilo de vida y siempre desde el equilibrio.